Capitulo cinco. Guadalajara
El domingo la pasamos descansando
y el lunes muy de mañana estábamos volando todos a Guadalajara. Llegamos al
aeropuerto. El chofer de mi jefe nos esperaba. Subimos a la camioneta, pasamos
directo mi jefe y yo a la oficina. Mientras nuestras esposas fueron a desayunar
a un restaurante.
Ese día trabajamos hasta tarde. Mi
jefe se sentía muy satisfecho de mi trabajo. Revisamos cuidadosamente los
cuadros informativos que nos estaban solicitando de Nueva York. Me asignaron un
cubículo donde estuve trabajando, hasta que a las dos de la tarde mi jefe se asomó
por el pasillo. Nos vamos a comer. Fuimos a un excelente restaurante de cortes
argentino: bife, churrasco, empanadas, todo delicioso. Tomamos vino seco y creo
que bebimos un poco más de la cuenta. Regresamos a trabajar después de un par
de horas y un rato después mi jefe paso nuevamente por mí. Señor, su señora
esposa lo está esperando. El chofer nos esperaba en el estacionamiento. Salió
por avenida Degollado y condujo hasta residencial las grullas, llegamos a una privada,
el chofer apretó un botón y un guardia abrió la reja. Pasamos entre casas y
llegamos a una casa con adornos en cantera rosa. La camioneta se detuvo debajo
de un porche de teja. Después te voy a
enseñar unas fotos de mi último viaje a Nueva York, estoy con varios
políticos, también actores, Tom Cruise, su esposa. Entramos a la casa. Y la
señora, le pregunto mi jefe a la sirvienta. Esta con la otra señora en el
jardín de atrás señor, quiere que les llame. No, está bien. Pasamos hasta la
sala, de ahí a un pasillo hasta llegar a un vestíbulo, era una cantina, había
ahí un salón de tv. ¿Qué quieres tomar? Pregunto mi jefe. Un whiskey, le dije. Me
sirvió, le puso hielos y me lo paso. Él se sirvió uno igual. Saco de un
escritorio un cajón y de ahí unos cigarros largos. Mira, son hondureños. Con la
mano dije paso. Tomo un control remoto que estaba sobre la cantina y encendió
el estéreo. You are just too good to be
true, cantaba Andy Williams. El saco un cigarro y se puso a fumar. Se escuchó el
ruido desde el pasillo, eran nuestras esposas, entraron. ¿Ya empezaron a
brindar sin nosotras?, pregunto la esposa de mi jefe. Mi esposa se acercó a mí
y me regalo un beso.
Que quieren hacer, dijo la
anfitriona. Por ahora descansar, dijo mi mujer. Mira, pero si vas llegando a
Guadalajara. Bueno está bien, que el chofer los lleve a su hotel y mañana paso
por ti para irnos todo el día de compras. Eso ya me intereso, dijo mi esposa.
Bueno Javier, dijo mi jefe, te veo mañana. Sabes, siempre te he tenido cariño,
un cariño fraternal. Sus palabras me parecieron muy emotivas. Me dio un abrazo
y nos despedimos.
Le llamaron al chofer y nos
condujo al hotel. Al otro día el chofer pasó por mí a las diez de la mañana. A este
paso nunca terminare la revisión que quiere mi jefe, le dije a mi esposa. En la
camioneta venia la esposa de mi jefe. Subimos mi esposa y yo. Pasaron a dejarme
a mí a la oficina y ellas se fueron de compras y a desayunar.
Apenas entre a mi cubículo un
empleado me dijo que mi jefe me mandó llamar. Me dirigí a su privado. Me saludo
y después dijo: Vámonos a desayunar. Nos fuimos al centro a comer unas
deliciosas tortas ahogadas. Mi jefe estuvo platicándome de su infancia, de sus
logros en Cienciología y de lo mucho que su esposa y él nos querían a Ana y a
mí. Confío en ti muchacho. A mis más de cincuenta el me seguía llamando
muchacho.
Regresamos a trabajar, apenas
avance un poco cuando un empleado me dijo, está esperándolo el chofer en el
estacionamiento.
Así me la pase todos los días,
nunca pude avanzar, las muestras de afecto de mi jefe y su esposa nos
mantuvieron ocupados, al final hable con él. Jefe, no sé cómo decirle, no he
podido avanzar en mi trabajo. Claro que lo has hecho, has hecho un excelente
trabajo, dijo. ¿Cree usted? Pero si solo he andado con usted comiendo y
platicando. Exacto, ese ha sido tu mejor labor, Muchacho, créeme que me hace
bien que estés aquí.
El sábado muy temprano nos
llevaron al aeropuerto, su esposa estaba triste, mi esposa contenta, la
habíamos pasado muy bien. Mi jefe se despidió de un abrazo que parecía de un
familiar, Ana por su lado abrazo a la esposa de mi jefe que ya empezaba a
llorar.
Llegamos tarde, así que el domingo
lo dedicamos a descansar para el lunes presentarme en la oficina. Mónica no me
había llamado en toda la semana, eso me tenía intrigado.
*********************************
Comentarios
Publicar un comentario