Capitulo cuatro. Mi cumpleaños


Era viernes. Mónica y yo nos habíamos quedado a trabajar. Eran casi las nueve de la noche cuando me llamo la jefa de área y me dijo que no le habían llegado los informes de aportaciones del área y que ella necesitaba; al otro día viajaría a la ciudad de San Antonio Texas y ocupaba revisarlos antes de viajar. Yo estaba en mi despacho y le pedí a Mónica que me pasara el informe impreso. Enseguida, me dijo ella. Así que salió del despacho y se perdió por el pasillo. Pasaron unos minutos cuando me di cuenta que no había regresado, le llame, pero nadie contesto. Me levante de mi silla y me asome por el pasillo. Todas las luces estaban apagadas. Al final del pasillo, en el cuarto de impresión estaba apagado. Mónica, nadie contesto. Camine con cuidado cuando escuché un ruido al final. Me intrigué. ¡Mónica! No escuchaba nada. Llegue donde el cuarto de impresión y cuando me acerque a prender la luz alguien me tomo del cuello.
Me volví sobresaltado. Estaba oscuro. Sentí una mano que me tocaba el rostro. Era Mónica. Me beso. Me quito la camisa. Me deshizo la corbata. La mordí. Ella me chupo un dedo.  La tome del talle. La levante. La cargue en mis brazos. La lleve por el pasillo. Por las ventanas podía verse avenida Juárez, autos pasando, taxis esperando un cliente, luces de otros edificios. El instante era poca madre. Yo estaba ahí. En las oficinas cargando a una mujer completamente desnuda. Solo traía sus zapatillas. Llegue a mi despacho. Patee una silla. Tire al piso los informes. Baje su desnudo cuerpo. Puse sus redondas y blancas nalgas sobre mi escritorio. Ahí me la cogí. Que orgasmo dios mío.
Nos  fuimos a cenar. Coger me había dado un excelente apetito. Cenamos. Pedí un corte de carne acompañado de puré de papa. Mónica pidió surimi. Nos tomamos una sangría con vino tinto y fruta, Pague y nos fuimos al hotel.
Llegamos al hotel. Estacione el auto debajo de unos árboles de pirú. Pedí una habitación. El empleado nos dio las llaves. Ya sabemos el camino, se adelantó Mónica. Entramos al cuarto. Enciende el jacuzzi, dijo ella. Encendí el jacuzzi y puse agua bien caliente. Mientras el jacuzzi se llenaba nos acostamos desnudos. Mira, Mónica se levantó y saco un frasco de su bolsa. Ponte esto, es Armani. ¿Es un  perfume? Sí, me encanta. Me puse perfume y nos pusimos a ver una película: Atracción Fatal. No mames, esa película hizo que todos los hombres le tuviéramos miedo a las mujeres le dije. Lo que sucede es que ustedes todos son unos miedosos. Tienes razón, somos bien putos le dije mientras le agarraba las nalgas.
Me levante y camine hasta el baño. El jacuzzi estaba listo. Ya está lista el agua, dije. De un salto y corriendo Mónica salto de la cama desnuda y corrió hasta el agua. La detuve antes de entrar y la bese. Ahí, en el agua, ya no cogimos, hicimos el amor, me cae, de huevos. Termine y me quede descansando. Me dormí.
Al otro día desperté en mi casa, en mi cama. Me incorpore. Fui al baño y me revise. Sí, todo estaba bien. Se oía mucho ruido, una camioneta entraba por el patio. Me asome: un par de trabajadores arreglaban el jardín. Una muchacha lavaba el patio y un par de trabajadores montaba mesas y manteles. De una camioneta bajaban un pastel y ahí en medio: mi esposa organizando todo.
Me metí a bañar. Me vestí; zapatos mocasín, camisa Kenneth cole gris, perfume Armani.
Baje a la sala y mi esposa me señalo un desayuno que estaba servido en la mesa. Me recibió con un beso. ¿A qué hueles? Es un perfume, dije. No lo habías usado. Silencio. Me senté. Desayune: eran unos huevos a la mexicana con cebolla y jitomate. ¿Tú los preparaste? Sí, quiero que estés bien alimentado, al rato vamos a bailar, a tomar unos tragos y después, hizo una pausa, podemos ir a un hotel. Encendí el televisor. No mames, como pueden ver eso. Es una novela Javier. Pues sí, pero quien quiere ver eso. Pues déjame decirte que muchas historias así suceden.
Pasamos un buen rato en la mesa. Una muchacha llego y recogió los trastes del desayuno. Me levante. Me dirigí a la cantina. ¿Quieres tomar algo? No gracias, sírvete tú, Me serví jugo de tomate con hielos y aparte en otro vaso tequila 1800. Oye, es Ray Connif? Supe que te gustaria. Que chingon.
La fiesta fue un éxito, primero llegaron mis compañeros SRS con sus esposas. Mi esposa las recibió y se pusieron a ver unas fotos de nuestra boda. Mis hijos se la pasaron toda la tarde en una mesa jugando videojuegos con un par de amigos, hijos de uno de mis compañeros SRS. Juanito, mi hijo mayor no pudo viajar. Él tiene un puesto muy importante en su empresa y no pudo venir de Torreón, pero su esposa me llamo: Suegro, ¿como esta? Déjeme felicitarlo por su cumpleaños, usted sabe que lo queremos mucho, yo en especial lo quiero como un padre, su hijo, Juanito, trabaje y trabaje ya sabe, pero le mandamos muchos saludos y un beso. Le mande un beso. Esa muchacha me quiere como a un padre.

Me la pase en la cantina con mis compañeros SRS, más tarde llego el SSR, nuesto mero jefe, el chingon pues, venia con su esposa. Llegaron y todos nos cuadramos. Me saludo. Me dio un regalo, lo abrí. Eran unos boletos de avión todo pagado para mi y mi esposa a la convención internacional de Cienciología en Nueva York el día de año nuevo. Gracias jefe, le dije mientras le di un abrazo. Mis compañeros me sobaron la camisa. Eres el consentido, decían. Mi esposa llego de improviso y me sorprendió con un largo beso. Ella traía mi regalo. Lo abrí. Era un reloj Mido de oro. Sonó la puerta y pude ver que entro una chica buenísima. Mónica, dije en voz alta. ¿Quién? Dijo mi esposa. Uno de mis compañeros levanto la mano y salió a recibir a la recién llegada. Era su novia. Yo la había confundido con Mónica. Esa noche vestía yo con la cara del éxito, la mejor ropa, comida, un reloj de oro. Era un tipo que nunca se equivocaba, sin embargo, acababa de cometer un error.




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