capitulo tres: Ana


Ana es mi esposa, mi vieja, mi mujer, mi compañera, mi cómplice. Nos conocimos en la carrera de Biología de la Universidad. A mí nunca me gusto la biología, así que eso se notó de inmediato, me fastidio la escuela y deserte. Me fui a los Estados Unidos con unos primos que allá viven, regrese de allá a los cuatro años, sin un puto dólar y sin haber aprendido el inglés. En ese entonces mi papa tenía un lote de venta de autos usados, así que me llevo a aprender el negocio. 

Al poco tiempo también me canse del lote de autos, era muy aburrido y la neta mi papa solo me quería pagar si yo vendía algo. Entre a trabajar de mesero, ahí si se gana dinero, me metí a meserear en uno de los mejores antros de la ciudad, en un buen sábado podía traerme lo que cobraba con mi papa en un mes.

Una noche llegaron un grupo de chavas, a los meseros no nos gustaba atender a las chavas porque no dejan propina, así que echamos un volado Yo perdí, así que las atendí. Estaban festejando. Cuando me acerque al grupo escuche su voz. ¡Javier! ¿No te acuerdas de mí? La neta no me acordaba yo de ella. Refréscame la memoria. Soy Ana, de la Universidad, pero estas igualito, y muy guapo por lo que veo. ¡Ana, si! de biología, ¡que tal!. Oye, venimos a festejar mi titulación, pero mira. Busco en su bolso y me alcanzo su tarjeta. Estoy trabajando en estos laboratorios, porque no me llamas y platicamos. Bien, gracias, tome la tarjeta y la guarde en mi cartera, y dime ¿qué van a querer tomar? Mira tráenos una botella de lo que emborrache más. Fui a la barra y regrese con una botella de tequila 1800 y una de Chivas Reagal, cada una con el servicio de refrescos y hielos. Se los lleve a su mesa. acomodé las botellas, los servicios y les prepare sus tragos. Ana se levantó, se acercó a mí y tomándome del brazo me dijo ¿cuánto es Javier? Son ochocientos pesos de las botellas y el servicio, le dije. Toma, me dio mil quinientos pesos. Oye pero es una cuenta de ochocientos y me estás dando mil quinientos. Era la propina de toda la noche, no mames. Se sonrió y me despidió de beso en la mejilla. Así empezó nuestra bonita relación.

Al poco tiempo deje la mesereada, pensé que merecía algo mejor, pero la neta nadie me contrataba, me pedían una bola de mamadas, que el título, ¿que si licenciado en que era? Un día, y en lo más profundo de mi pinche derrota, caminaba por la avenida Juárez y me regalaron un folleto de Cienciología, ese folleto no lo tire, lo guarde en mi bolsa. 

Empecé a salir con Ana, nos hicimos novios. Ella andaba súper clavada conmigo. Se enamoró. Me regalaba ropa, íbamos a conciertos. Un día estábamos afuera del cine, habíamos ido a ver la película la Sombra del Amor. Estaba lloviendo con madre y como pudimos nos metimos en un puesto a comer hamburguesas. Estábamos riendo cuando ella me dijo: Javier, quiero que nos casemos. Ese día no lo voy a olvidar.

Tampoco mis suegros lo olvidaran. Nunca les caí bien; en especial a mi suegro, el cabrón se quejaba porque yo no trabajaba. En ese entonces entre a trabajar al edificio de Cienciología como asistente de SRS, pero como no me pagaban pues tampoco le daba gusto al señor. 

Ana en cambio ha crecido mucho en su trabajo. Es lo que podemos decir una mujer chingona. En su empresa abrieron varias sucursales y la hicieron gerente, después jefa de zona y hace un par de años es ejecutiva y miembro del consejo de administración. El año pasado solo con el bono de navidad se compró, o debo decir me compro porque yo la uso, una Dodge Voyager del año, era gris, aunque yo la hubiera preferido azul. Tú eres alguien muy importante amor, me dijo, eres uno de los pocos SRS de Cienciología en México, eso no cualquiera. Y tenía razón.

Mi mujer me trata con madre. El año pasado nos fuimos al otro lado mi esposa y mis hijos tres días, solo para festejar mi cumpleaños. Este año, contrato un servicio de banquetes, y parece que se va a poner de huevos. Invite a mi jefe, el SSR de Guadalajara, nomás para que vea el puto lo que es que tu mujer te trate bien. Que aprenda.

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