El baile real en los patios de palacio.
Cenicienta era una
alumna de la secundaria Mijares, el instituto del reino. Vivía con su madrastra, quien le prohibía salir a la calle, comprar ropa bonita y menos
gastar dinero en tiempo aire o en un celular caro. La obligaba a dormirse
temprano, no ver series o telenovelas y a no comer otra comida que no fuera la
que se hacía en casa. Si, Cenicienta era infeliz.
Eran tiempos de la
ceremonia de graduación en la secundaria, y para ello la Real Dirección había anunciado
un baile con música de reguetón y banda en los patios de palacio. Cenicienta
soñaba con ir, enfundada en un vestido superpegado de poliéster, zapatillas
altas y un gran escote. Su madrastra, le había dicho que no lo haría, que era
suficiente con vestir el uniforme de la escuela y un lindo peinado. Si, su
madrastra era malvada.
Mas para la
fortuna de Cenicienta, un día antes de su fiesta, se presentó en su casa su
hada madrina, una tía a quien su madrastra detestaba. Sabiendo como buena hada
de la suerte de Cenicienta, llego en su carruaje, una Ford Lobo propiedad de su
novio el príncipe de las hadas. Su hada madrina le llevo a una caja.
Cenicienta, esta caja deberás abrirla cuando te encuentres sola, le dijo. Pero
eso a Cenicienta no le importó y abrió la caja de inmediato. Era un minivestido
pegado y unas zapatillas de plataforma. Llena de lágrimas Cenicienta abrazo a
su tía hada madrina, quien al escuchar que la madrastra de Cenicienta se
aproximaba, desapareció así como había llegado. Era un hada tan buena.
Cenicienta llego a
la fiesta en los patios de la secundaria de Palacio, saludo a dos de sus damas de compañía quienes
al igual que ella vestían vestidos entallados y zapatos de plataforma. Estaba
emocionada porque había quedado de verse con el Príncipe, un chico de la
secundaria, flaco y más bien tímido.
La música se
escuchaba y todo era baile y ambiente en el patio de palacio cuando El príncipe
apareció en la puerta, iba acompañado por dos de sus guardias reales, que eran
dos de sus mejores amigos. Estos iban cargando una botella y un par de copas en
las manos. Cenicienta se apresuró y salió a su encuentro. Ella los saludo
mientras el Príncipe la tomo del brazo y le pidió que los acompañara. La llevo
consigo afuera del salón real. Bajaron por las escaleras y llegaron a lo que parecía
un pequeño salón del palacio. Entraron y Cenicienta pudo ver que el príncipe tenía
los ojos rojos. El príncipe encendió algo que parecía ser droga y le ofreció a
Cenicienta, quien fumo un poco por cortesía. Por su parte los fieles guardias
reales le acercaron algo de sus copas de alcohol, que Cenicienta también tomo.
Después de un rato el príncipe cayo inconsciente y cenicienta con él.
No sabemos que más
sucedió en aquel salón, solo sabemos lo que cuenta la leyenda, y es que al
terminar la fiesta dos fieles pajes del rey recogieron a Cenicienta golpeada y
en mal estado, ellos la llevaron a la comandancia de palacio donde el
superintendente ordenó que fuera llevada a la Cruz Roja del reino.
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