Elisa
Era mediodía. Elisa, abre las
persianas, deja que entre un poco la luz. Una mujer joven vestida de uniforme salió
de la cocina y se acercó a las persianas de la sala. ¿Así está bien señora?, preguntó.
No tanto, es muy fuerte la luz. Elisa giró un poco las persianas y volteó a ver
a Clarita, que la miraba desde el sillón. La mirada de Clarita le indico que
estaba bien. Fue a la cocina, más tarde regreso a la sala y pregunto: ¿Comerá usted
en el comedor? Prefiero me acerques la mesa y comer aquí. Elisa sacó de la
cocina una pequeña mesa plegable, la dispuso frente a Clarita, mientras le
acomodo una manta con la que esta cubría sus piernas. ¿Así está bien? Preguntó.
Sí, mucho mejor.
Entonces volvió a la cocina y
regreso con una bandeja. Era un filete de pollo asado y sin aceite, acompañado
de puré de papa, lechuga, pimiento verde y algo de tomate. Sobre la pequeña
mesa dispuso un mantel, coloco el plato. ¿Tomará usted agua? Prefiero un poco
de clericot de vino tinto y fruta. Algo dulce, pero está bien, un vaso es
permitido, dijo Elisa. Sirvió el clericot en una copa y dejo cuidadosamente los
cubiertos sobre una servilleta. Espero de pie mientras Clarita empezaba a
comer.
Clarita corto la carne y antes de
llevar al bocado a su boca habló: Quiero
que toques el piano. No estoy segura de saber tocar. Tu perfil dice que sabes
tocar. Elisa, quien seguía de pie, caminó hasta el piano, debajo de este saco un
banco y se sentó. Quito la tapa que cubre las teclas y se quedó viendo por un
momento la fila de líneas en blanco y
negro. Bach, dijo Clarita. ¿Cómo? dijo Elisa. Toca algo de Bach, Minueto en sol
mayor, le ordeno. Elisa acerco sus manos al teclado y empezó a tocar. Una
hermosa melodía se escuchó en la habitación, Elisa sonrió sorprendida. ¿Te
gusta? Es maravilloso señora. Lo es, creo que es todo lo que comeré, dijo
Clarita que apenas había probado bocado, y alejo la mesa de sus piernas. Elisa hizo una pausa. No, sigue tocando,
pero ahora Chopin, el vals de primavera. Elisa toco, esta vez con una sonrisa,
la melodía empezó solemne, después sus dedos corrieron por el piano. Clarita cerró
los ojos. Es hermosa. Lo es, dijo Clarita. Las notas caían como gotas de agua
en la habitación. Quiero que toques toda la tarde, dijo Clarita. Elisa toco el
piano. Paso un buen rato hasta que Clarita habló: quiero otro clericot, ¿se
puede? Pregunto jugando. Un vaso de clericot es suficiente, replico Elisa
mientras seguía tocando. Miraba sorprendida las teclas. Quizá una copa de vino
seco, sugirió Clarita. El vino seco es más saludable, dijo Elisa.
Termino de tocar algo de Chopin,
camino y se perdió en la cocina. Regreso más tarde con una botella y una copa
de cristal. Descorcho la botella. Preséntamela, dijo Clarita. Que me dejes
oler la botella, antes de servirla quiero olerla. Elisa le acerco la recién destapada
botella a las narices de la vieja. Delicioso, dijo Clarita. Elisa la acerco a
su nariz, no olio nada. Me gustaría saber que es delicioso, dijo en voz alta.
Dices cosas muy graciosas dijo la vieja. Empezó a reír. Tomo la copa de vino y bebió
un poco. Trae mis cartas. Quiero leer.
Elisa salió de la habitación y se
dirigió por el pasillo, más tarde volvió con una caja, se sentó junto a la
anciana y le ofreció la caja. Clarita tomo la caja y la abrió; estaba llena de
sobres y cartas viejas, algunas escritas a mano. Léelas, dijo. No creo poder
leerlas, están escritas a mano. Tu perfil decía que podías. Elisa tomo una, la examinó
con mirada sorprendida. Londres, veintitrés de enero, querida Clarisse. Esta
espera sin saber de ti me ha vuelto loco cada día. Es increíble, puedo leerla,
dijo Elisa. Clarita cerró los ojos. No saber si estás bien, a veces pienso que
lo mejor hubiera sido seguir contigo, de qué sirve la patria si uno no está con
quien se ama. Clarita empezó a llorar. Elisa hizo una pausa. Clarita tomo la
carta, la guardo y cerró la caja. Gracias le dijo, mientras se limpiaba los
ojos. Son casi las seis dijo Elisa. Si, el tiempo vuela, dijo Clarita. Quizá podamos
ver las fotos. Elisa se levantó, tomo la caja de fotos y se fue caminando por
la ahora oscuridad del pasillo. Regreso más tarde con una pila de sobres
amarillentos. Se sentó nuevamente, junto a Clarita que la miraba sorprendida. Coloco
en sus piernas la pila de sobres con fotos, Busca las fotos de mi boda. Elisa abrió
los sobres, después de un rato empezó a sacar fotos, raídas, con manchas de
humedad, en blanco y negro, con tinta de pluma atrás, que dice esta dijo,
Recuerdo del día más feliz de mi vida, dijo Elisa. Ojala pudiera leerlo dijo Clarita.
¿Y esta otra? Dice: Veintiséis de junio. Mi aniversario, dijo la vieja. El timbre
de la puerta sonó. Clarita volteó a ver el reloj en la pared. Eran las seis, Elisa guardó cuidadosamente las fotos, se levantó
y fue hasta la puerta del recibidor, abrió la puerta. Un par de hombres de la compañía
entraron. Buenas tardes señora. Hola, dijo la anciana. Elisa fue de nuevo al
pasillo con los sobres de fotos en sus manos. Regreso y le dio un beso a la
vieja en la mejilla. ¿Vendrás después? Pregunto Clarita. Elisa no respondió. Se
quedó de pie mientras su mirada quedo perdida y sin luz. Señora, se dirigió a
Clarita uno de los hombres: Venimos por el robot. Espero haya pasado un buen día.
Si, uno de los mejores, dijo la anciana. Mientras limpiaba sus lágrimas. Hasta
el próximo sábado señora. Tomaron a Elisa y la llevaron gentilmente con ellos, ella
salió caminando sin mostrar ninguna emoción.
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