Escena uno. La envidia.
Escena: Es de
noche, Juan y Pedro, el primero con traje de godinez, el segundo con saco
intelectual y de lentes, ambos en sus cuarenta años. Están sentados en el
asiento de un auto viejo de los sesentas, se mira el volante y hay una ventana
cortada por una línea vertical que semeja el parabrisas y la ventana lateral
por donde ellos miran hacia afuera en la ventana se ve pintada una calle de
corte parisino, por donde caminan transeúntes fuera de foco y se mira un restaurante
elegante.
Juan:
¿Que hacemos aquí?
Pedro:
Vinimos a ver a mi novia, sospecho que ella me engaña
Juan:
¿Ella está en este restaurante? Entremos
Pedro:
No, espera
Juan:
¿Que sucede?
Pedro:
Si entramos se dará cuenta que estamos aquí
Juan:
¿Acaso no quieres que nos vea?
Pedro:
Así es, quiero sorprenderla en el acto
Juan:
En ese caso debimos ir al hotel
Pedro:
¿Al hotel?
Juan:
Si, o al menos al auto
Pedro:
No entiendo. Mira, van entrando, agáchate, nos van a ver
Juan:
No te escondas, te ves patético
Pedro:
Tan patético como todo enamorado
Juan:
Estamos muy lejos, no nos verán, ¿es esa tu novia?
Pedro:
Solía serlo
Juan:
Que joven se ve.
Pedro:
Joven y bella
Juan:
¿Quién es el vejete con el que está?
Pedro:
Es su jefe
Juan:
¿Es acaso su padre?
Pedro:
Es el jefe del partido, un político muy astuto y hábil
Juan:
Pues sí que es hábil, y un caballero, mira como le acerca la silla, se ve que
la sabe tratar
Pedro:
Yo la trato mejor, le abriría la puerta, si tan solo…
Juan:
Si tan solo tuvieras auto
Pedro:
Si, pero últimamente no me ha ido bien económicamente,
Juan:
Deberías trabajar
Pedro:
No he terminado mi novela
Juan:
Novela, ¿quién vive de eso?
Pedro:
Nosotros. Los escritores
Juan:
Será mejor que busques un trabajo de verdad
Pedro:
Vivo para escribir, bueno y para ella también. Espera, mira que les sirven
vino, ¿Crees que sea caro ese restaurante?
Juan:
Carísimo, no creo que un día la puedas llevar tu a comer, Les Escargots, deberías estar agradecido con este tipo
Pedro:
Tienes razón, aunque me cae mal, es un tipo de lo más engreído, un sabelotodo,
un.. un.. No soporto su plática, mira como toma su copa, ahora se toca su
barba, que tipo tan sobrado
Juan:
Es que lo envidias, te gustaría estar ahí
Pedro:
Bueno si, tan solo por ella, aunque yo pediría vino blanco, no tinto como el
Juan:
Pidió tinto porque seguramente pedirá pasta mira, tu que pedirías, ¿un salmón?
Pedro:
No, solo vino blanco y queso, y galletas, muchas galletas, los escritores
comemos poco, nos basta con la poesía.
Juan:
No seas cursi, bueno ya le describiste a él, porque no la describes a ella, notaste
como va vestida, vestido pegado, tacones, se deja lucir a cada momento
Pedro:
Calla, ella es una dama
Juan:
Es una mujer, le seducen los viejos con dinero, mira como disfruta de su
platica
Pedro:
Ella es inocente y el la seduce con mentiras y regalos, mira, que le ha
regalado unas rosas
Juan:
Mira, alguien está tocando la ventana
Pedro:
Es una docena de rosas, pero que trae el en la mano ¿es una caja?
Juan:
Es un policía, pide que movamos el auto de aquí
Pedro:
Pero, quiero ver que trae la caja que le ha regalado
Juan:
Que nos movamos, o nos llevara a la comandancia
Se
cierra el telón simulando el movimiento del auto, ya fuera de foco Pedro
levanta la voz.
Pedro:
Espera, espera…!noooo!
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