La Máscara


Desperté en la madrugada. Un ruido me estremeció, era el sonido de pisadas y trastes que parecía venir de la cocina. Me levanté y abrí la puerta de mi habitación. Apenas iluminado por la luz que venia de la cocina camine por el pasillo. En el piso de la cocina vi que se habían venido al suelo unos de los muchos trastes que inundaban el fregadero. Había ofrecido una reunión la noche anterior. Mas tranquilo aproveche y me serví un vaso de agua.


Apague la luz y cuando me disponía a regresar a la habitación sentí una mirada en mi espalda, me volví y vi par de ojos que desde el sofá me observaban. Pregunte quien anda ahí, No hubo respuesta. El par de ojos me miraba, me acerque y le lance el agua. Nada paso. Entonces aventé el vaso que estallo en cristales. Tome de la cocina el tostador de pan, agarre el cordón y por tercera ocasión y con voz ronca pregunte: quien anda ahí. La mirada me seguía observando, encendí la luz y vi que era una máscara. Pinche mascara pensé, pero quien la dejo sobre el sillón. 


Tome la máscara y dispuesto a deshacerme de ella la puse en la barra de la cocina. Era una máscara indígena, hecha de corteza de árbol y pintada con pigmentos verdes y rojos. Apenas apague la luz de la cocina sentí un puñetazo en el rostro. Fui a parar al suelo. Me levante de inmediato y salí disparado a mi habitación. Cerré la puerta y corrí el cerrojo. Toque mi rostro. Tenía la boca hinchada. No mames, que madrazo traigo, pensé. Avergonzado de mi reacción, pensé: Pinche mascara, yo si la voy a tirar. Salí de mi habitación y decidido me dirigí a la cocina. Quise prender la luz cuando sentí un puñetazo que se estrelló en mi nariz. Caí otra vez al suelo mientras  tragaba saliva y sangre. Me incorpore de rodillas cuando un golpe más en la frente me dejo noqueado.

Me despertó la luz del medio día. Me levante y fui al baño, como pude me lave la cara, recordé lo que había pasado la noche anterior y corrí a la sala. Busque mi celular. La casa estaba en silencio, un vaso con colillas de cigarro adornaba la mesa de centro, había vasos con tequila y cerveza y en la cocina los platos desechables con pastel de chocolate cubrían la mesa y el fregadero. Tome el celular y llame a un amigo quien había estado la noche anterior. Marque y para mi fortuna me contestó. Pablito, no mames, no vas a creer lo que me paso, le dije, algún cabrón de los que vino anoche a mi casa me dejo aquí una pinche mascara maya, necesito que vengas a ayudarme a deshacerme de ella. El Pablito exploto en risas, me pregunto si no recordaba que me había emborrachado. Me contó que como pudieron me llevaron a mi habitación, los demás ayudaron a levantar los desechables y los habían dejado en la cocina, alguien tiró pastel en el piso y el mismo se había caído y dado un golpe en la cabeza, que tuviera cuidado porque era peligroso. Me explico que la máscara maya el me la había regalado, que esperaba que me gustara, porque pensaba que las mascaras como las personas también tienen alma.

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