las buenas familias
A mí me caen mal esos cabrones
que presumen de que tienen una buena familia, que quieren mucho a sus esposas, que
sus hijos son perfectos, estudian mucho y terminan sus carreras. Que no mamen,
que platiquen de sus verdaderos problemas.
Yo si tengo una familia bonita,
mi esposa es una dama, es ginecóloga, universitaria, educada, fina, nunca dice
una grosería. Tenemos tres hijos, dos estudiando y el mayor, de veintiséis años,
se casó y se fue a vivir a Torreón, ya trabaja y resulto excelente para los
negocios y hacer dinero, y su mujer me quiere como un padre. Le neta tengo una bonita
familia.
Soy el representante de servicios
generales, uno de los cincuenta RSS de Cienciologia México, donde no me pagan
un peso, también he sido representante por varios estados de la república,
tampoco me lo han pagado, pero eso, créanme, no cualquier cabrón lo logra, yo
me he esmerado, hay que cumplir con un alta calificación en el trabajo, tener
autocontrol, no caer en las tentaciones, cuidar de una familia, ser coherente
con lo que se dice y lo que se hace, amar a tus hijos, a tu esposa, cuidarla y
serle fiel, no, la neta no es fácil.
Mi esposa es ginecóloga, trabaja
en el seguro. Hace un año, con el dinero de su aguinaldo se compró una
camioneta Dodge Voyager para siete pasajeros. Claro que yo como su esposo también
la uso. Como cuando la empecé a usar para llevar a mi mama a sus consultas y
para ir a mi trabajo en Cienciología. Mi esposa me dijo, ya sabes que para tu
mama lo que necesites, tú eres importante, eres el RSS de Cienciología México,
no cualquiera. Y tiene razón.
Hace seis meses conocí a Claudia,
veinte años, llegó como voluntaria a las oficinas de Cienciología México. Yo la
recibí. Estoy a cargo del registro de los nuevos aspirantes, un cargo de mucha
responsabilidad. Cuando la vi me impacto, traía puesto un vestido naranja que
le dejaba ver sus redondas piernas y al caminar mostraba sus bien formadas
nalgas. Salimos, si, un par de veces, hasta que un día ella me dijo: Daniel, me
gustas. Quiero cogerte. Y si, cogimos. Ella trabajaba como voluntaria para la
oficina de reclutamiento y eso nos permitía vernos seguido. Los viernes nos quedábamos
más tarde a revisar las listas de los nuevos asociados, al salir subíamos a la
camioneta y nos íbamos directo al hotel. Me cuidaba de dejar la camioneta afuera
del hotel y debajo de unos árboles de pirú.
Paso poco tiempo para que yo me
enamorara. Claudia era la mujer que yo necesitaba, tierna, comprensiva, joven.
A güevo, yo necesitaba alguien así. Era nada menos que RSS de Cienciologia México,
me lo tenía ganado. Un fin de semana organice mi cumpleaños con mi esposa y mis
hijos, así que invite a mi jefe, que es el RCS, a mis compañeros de
Cienciologia y a Claudia. Me la pase genial, junte a mi familia y a la mujer que
amo. La vida era perfecta.
Pasaron unos días de mi
cumpleaños hasta que una tarde llegue y mi esposa me estaba esperando en la
sala, me dijo: ven siéntate, vamos a platicar. Yo dije: ya valió madre. Así que
me calme y me senté, me dijo que sabía que tenía una amante, me mostró una
bolsa de whiskas para gato, nosotros no tenemos gato, de hecho yo siempre había
dicho que me cagaban los gatos, pero esa bolsa la había comprado para Claudia. También
me dijo que sabía que todos los viernes la camioneta se quedaba estacionada
afuera del hotel Jardín, que por eso traía siempre hojitas de pirú, nosotros no
tenemos árboles, menos de pirú. Vivimos en una privada.
Mi esposa me corrió de la casa. Salí
de ahí indignado, sabiendo que tenía más que ganar afuera que quedándome. Me
fui a hablar con el RCS de Cienciología que es mi jefe, le pedí su ayuda, me
dijo que el nada podía hacer, que mi esposa ya había hablado con él y que por
mi conducta yo estaba despedido como representante en México. Le llame a Claudia,
quien en varios días no me contesto el teléfono. Después me entere que era la
asistente del RCS y que no la habían despedido.
A los días me vine a vivir a Torreón
con mi hijo. Vive en un departamento de una recamara, así que me presto un colchón
inflable para dormir. De noche cuidaba de inflarlo bien, pero de día amanecía
desinflado porque estaba ponchado. Por las mañanas me despertaba con hambre. Me
entere que no había nada de comer, Mi nuera no desayuna, así que no se hacía
desayuno y yo no desayunaba. Tengo cincuenta y cuatro años y hace tanto que no
ocupaba trabajar que no sabía qué hacer. Desesperado le llamé por teléfono a mi
ex mujer, quien seguía en la ciudad de México. Para mi suerte me tomo la llamada de inmediato. Le conté lo
arrepentido que estaba, que ahora si haríamos las cosas bien, que recordara que
yo era RSS, representante de Servicios Generales de México, que aunque me habían
suspendido todo era cuestión de papeleo para que yo regresara a mi puesto, me
escuchó y no habló hasta que yo había terminado, al final solo dijo: tu puta
madre. ¿Qué? le pregunte. Que tu puta madre, me contesto. Me lo dijo varias
veces, así que le tuve que intervenir: oye, te das cuenta que ya me mentaste la
madre cinco veces. ¿Fueron cinco? Me dijo. Entonces que sean seis: tu puta
madre. Y colgó.
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