Capitulo seis. Las reglas cambian

Eran las tres de la mañana. No te puedes dormir. Se me quito el sueño, conteste. Quieres que te haga un te? No, descansa. Iré a la sala a fumarme un cigarro. Salí del cuarto y me senté en el sillón de la sala, abrí una de las ventanas que dan al jardín y vi que estaba muy claro para ser tan temprano, el fresco de la noche me pego en la cara. Puta, que aire tan chingón, dije. Me encendí un cigarro. Tome mi celular. Abrí un bloc de notas y escribí: cosas que hacer después de mis cincuenta y cuatro años. Uno. Dejar de fumar. Le di una fumada a mi cigarro. Dos. Levantarme más temprano. Esa ya la estoy cumpliendo hoy. Le puse palomita. Tres. Disfrutar de cada día. Carpe diem, agregue. Cuatro. Encontrar el verdadero amor. En eso estaba cuando Ana me sorprendió. Te prepare un té. Oh, genial. Lo puso sobre una servilleta en una pequeña mesa de cristal que ahí estaba. ¿Cómo te sientes? Cincuenta y cuatro años más viejo. En verdad te sientes viejo, yo te veo más joven. Eso dices porque me quieres. No seas duro contigo. Es la verdad, la gente miente por agradar. ¿Tú mientes? A veces. ¿En que mientes? Cosas sin importancia. Por ejemplo. No me gusta poner ejemplos. ¿Que hacías? Una lista. Puedo verla. Más tarde quizá, son las cosas que quiero hacer. Eso es interesante, debo preguntar si estoy acaso yo en ellas. Tú no eres una cosa, es una lista de cosas por hacer. No te olvides de incluirme. Se levantó y me dio un beso. La casa tenía un ambiente lleno de serenidad. Termine mi cigarro y me fui a dormir.
Por la mañana me levante, eran las siete de la mañana, me di un baño, me puse un traje Carlo Corinto gris, una camisa blanca y una corbata Pierre Cardín azul, antes de salir me bañe de una loción Armani. Subí a la camioneta. Conduje por avenida Álvaro Obregón, tome avenida Juárez y apenas iba llegando a mi trabajo recibí un mensaje de Mónica. Hola, me puedes hacer un favor. Claro, conteste. No podré ir hoy a trabajar. ¿Te puedo ver a mediodía en Sanborns para comer? Está bien. Un favor más. Dime. Me puedes comprar unas whiskas? ¿Qué es eso? Comida para gato. Me cagan los gatos, pensé. Está bien, conteste. En el siguiente semáforo seguí de frente y dos calles adelante encontré un Oxxo. Me detuve y compre dos bolsas de whiskas.
En mi oficina me puse al día. Revise mi correspondencia, me presente con la jefa de área y le informe que ya me encontraba en la ciudad. Le avise que a mediodía saldría a comer. Me dijo que estaba bien y me entrego una serie de oficios que habían llegado mientras estaba yo en Guadalajara. No los leí, los deje en mi escritorio.
A mediodía me fui a comer. Camine hasta el Sanborns que esta sobre avenida hidalgo. Ahí estaba Mónica. Se veía más joven que nunca. Me sentí avergonzado de estarme cogiendo a esa niña. Traía puesto un pantalón de mezclilla que le dibujaba su redondo trasero, la abrace y le di una nalgada. Estaba buenísima. Ella me abrazo y nos besamos. Entramos al Sanborns y nos fuimos derecho al bar, pedimos algo de botana, yo un vodka con redbull, ella una piña colada, ordenamos una orden de barbacoa para comer. No pude ir hoy a trabajar. Ya me di cuenta. Pero no sabes porque. Si no me dices. Me encargo tu jefe el SSR de Guadalajara que fuera por unos paquetes al aeropuerto y que los reenviara a nueva york. Oh, eso no lo sabía, porque no me lo pidió a mí. Pues no sé. Y que eran. Eran unas listas, creo los nombramientos de los nuevos SRS en México. Me quede helado, ¿porque no me lo había comentado a mí?, pensé. No mames, estuvimos una semana juntos y no tuvo la confianza de decirme. ¿Decirte que? Que iban a nombrar nuevos SRS. Pues quizá no tuvo tiempo. Tuvo todo el tiempo del mundo. Llego el mesero. Tráigame otro vodka con redbull. Usted señorita. A mi tráigame un vodka con agua mineral y licor de jengibre, gracias. Enseguida. El mesero se fue por entre las mesas. Me sentía súper encabronado. Traicionado. Un lelo. Me tome ese vodka y otro más.
Salimos del Sanborns, tomamos un taxi y nos dejó en las oficinas de Cienciología. Recogí mi camioneta y nos fuimos al hotel. Entramos. Ordené a recepción un par de cubas con solera y coca cola, mi debida favorita dije. Puse la radio. Encendí el jacuzzi y puse agua muy caliente. Mientras el jacuzzi se llenó me entretuve desvistiendo a Mónica, cosa que fue de lo más divertido, traía un pantalón tan ajustado que tuve que sacarlo por partes, debajo de eso todo fue fácil, un diminuto calzón y unas tobilleras, no traía sostén, solo unos parches que evitaban mostrar sus pezones. You’re be like heaven to touch, I want to hold you so much, cantaba Andy Williams. La bese más que otras veces. Hicimos el amor, después me la cogí. El jacuzzi me relajo como nunca. Me acosté y me quede dormido. Desperté y eran las cinco, me levante y me di un baño, no supe si llevar a Mónica a su casa, me parecía de lo más descortés. Encendí un cigarro. ¿Qué hago? me dijo. Vete a tu casa. En efecto, fui descortés. ¿Te pido un UBER? Ya lo pedí, me dijo. El taxi llego y nos despedimos con un beso. Yo me fui a mi casa. Llegue y mi mujer estaba desayunando. Buenos días, me dijo.


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